lunes, 25 de octubre de 2010

El milagro de la luz

En pleno Camino de Santiago francés, entre montañas, prados y manzanilla, se encuentra la pequeña villa de San Juán de Ortega, y en ella un monasterio homónimo que guarda en su interior un espectacular fenómeno que trasciende lo metafísico.



El monasterio debe su nombre Juan de Quintanaortuño, conocido como Juan de Ortega, un religioso discípulo de santo Domingo de la Calzada, quien tras varias peregrinaciones a tierra santa y Santiago, decidió aliviar el camino de los peregrinos construyendo puentes, creando nuevos caminos y desecando zonas pantanosas. Al final de su vida se estableció en Ortega (nombre de la villa en aquellos momentos) y fundó una iglesia, una hospedería y un hospital para proteger a los peregrinos en la difícil travesía de los Montes de Oca, conocida por los asaltos de maleantes y los ataques de animales salvajes.



Es en este templo románico donde cada equinoccio se produce un singular fenómeno: Durante el ocaso (aproximadamente a las 5 de la tarde, hora solar), el último rayo de sol entra por la ojiva de la fachada e ilumina el capitel de la izquierda del ábside, donde está la escena de la Anunciación. Luego se posa en la del Nacimiento y por último en la de la Adoración de los Magos. Este espectacular efecto se prolonga durante escasos diez minutos, pero suficientes para captar el embrujo del momento.

Si ya de por sí es sorprendete el efecto, y más teniendo en cuenta los pobres conocimientos astro-arquitectónicos de la época, es fácil advertir que la iglesia fue construida desde un principio pensando en este particular fenómeno. La simbología presente no hacen más que afianzar este planteamiento.



Normalmente en las iconografías de la Anunciación de María, la Virgen está mirando al arcángel Grabiel; pero en este caso María mira directamente al rayo de sol que ilumina su vientre, recibiéndolo entre sus brazos, e incluso parece sonreir mientras sus ojos se deslumbran por el sol. Además, el equinoccio de primavera se produce justamente nueve meses antes de la Navidad; sin olvidar de que el sol tras el ocaso parece penetrar en la tierra haciendo nacer la primavera. Todos estas son representaciones claras de la fecundidad.

No es de extrañar que la mujeres que deseaban tener hijos visitaban la tumba de su constructor, hallada en el monasterio, para pedir descendencia. Así lo hicieron Isabel la Católica y las esposas de Carlos V y Felipe III. San Juan de Ortega sea patrón de las mujeres que desean tener hijos; además de los arquitectos técnicos, viandantes, caminantes y campesinos.

PD: Con cariño para el jartible más peregrino ;)


Referencias:
1. http://yaguegarces.blogspot.com/2009/03/el-milagro-de-la-luz-equinoccial-en.html
2. http://www.soriaymas.com/ver.asp?tipo=articulo&id=1056

3 comentarios:

Pisaítas de Gato dijo...

La Navidad hicieron que se celebrara en el solsticio de invierno (saturnales romanas) para convertir en "religiosa" una fiesta "pagana". Igual que los panes y lares se "transformaron" en santos patrones.... casi todo lo anterior se cristianizó, más que nada para que se siguieran celebrando las mismas fiestas.... una cuestión práctica vamos :P

Gurita dijo...

Lo que vimos el otro dia en andaluces por el mundo era muy parecido a esto, y bastante mas sorprendente, ya que los mayas estudiaban estas cosas mas de mil años antes. De cualquiera de las maneras es algo muy curioso. =P

Ortadilla dijo...

A pisaitas: Pues sí, la iglesia ha ido poniendo, quitando y moviendo cosas a su antojo durante toda la historia por su propia conveniencia ;)

A gurita: Te refieres al templo maya de Kukulkán, pero creo que te has hecho un lío con las fechas, porque ambas edificaciones son aproximadamente de la misma época, el siglo XII.

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